martes, 24 de mayo de 2011

Mi Caja de Pandora


La luz de las farolas invade mi salón anaranjándolo todo, como una réplica exacta del atardecer más natural. El verano llama a la puerta pidiendo permiso pero algunos de sus matices ya se han colado en estos días. Ya comienza a oler a noche de estío, a esa noche que parece más lenta, que se hace extensa y pausada, que se deja disfrutar. Esa noche que invita a la charla sin fin, sin importar que mañana haya que madrugar.
La siemprencendida ocupa su lugar como cada noche amparando mis pensamientos. Hoy me siento bien, muy bien. Siento que mi sangre fluye a una velocidad constante y que mi corazón late a un ritmo ordenado. Pero últimamente las lenguas andan despiertas, parecen ocupadas difamando sin descanso. Y entre su baba ando yo. No soy importante, simplemente una presa más de su tela de araña.
Sin estudiar me convertí en infiel con diploma, parece que en esta ciudad las historias no mueren, ya se encargan estos personajes de medio pelo de que sigan respirando, con la inexcusable ayuda del correveidile que poseen por ocupamiento diario.
En ocasiones pienso que habito en un pueblo pequeñito, de esos en los que las viejitas se sientan en la puerta de sus casas bajas para ver pasar la vida mientras se intercambian las confidencias del día en conversaciones que siempre comienzan con un " ¿ te has enterado de ...? " y terminan con un " ¡ te prometo que es verdad ! ", sentencia irrecurrible, sello de lacra. Y así tu supuesta fechoría se propaga como una plaga, como un virus en el aire.
Desgraciadamente la vida funciona de este modo. Por eso los programas de televisión con más audiencia en este país son los del corazón. Así que el resultado estadístico es que lo que más nos interesa es la vida de los otros, funesta realidad.
Es mejor aceptarlo sin más, porque luchar por desmentir o matizar es una guerra perdida.Tus desaciertos serán engrandecidos y tus logros se harán nimios.
No soy santo, apóstol, inocente, divino, ni pretendo ser canonizado. Sencillamente me agradaría que cada uno fuese consciente de que una historia tan sólo pertenece a los miembros que la fundaron y única y exclusivamente ellos son sabedores de la certeza de su bagaje, únicos creadores de la letra y melodía de su canción y, ¿ quiénes son los demás para versionar tu música, la que nació de tu alma y para ti siempre fue número uno ?
Yo sabría recorrer el camino que hicimos juntos con los ojos vendados anticipándome a cada piedra y adivinando cada una de sus curvas, sin necesidad de que nadie me guíe ni introduzca en él nuevos elementos que alteren tan nuestro paisaje. No voy a darle la llave de nuestra Caja de Pandora a nadie, por muy real que sea el nuevo mal que pretenda introducir en ella. Pero duele constatar que tú hayas entregado ya innumerables copias.
A pesar de todo no deambularé por ahí mustio ni cariacontecido. Mi verdad va conmigo de la mano. Aprendí a caminar sobre el agua y a respirar bajo el mar. Y descubrí un mundo maravilloso. Porque prefiero dar de comer a un cisne a solas que alimentar a mil palomas en la plaza.

" Nadie me verá del todo ni es nadie como lo miro " ( MIGUEL HERNÁNDEZ ).

viernes, 6 de mayo de 2011

Alejandro

Catorce horas de nervios. Catorce horas de ansiedad. Catorce horas escuchando a mi familia licenciarse en medicina en un periquete y aportar su certeza médica al respecto de la incertidumbre que nos provocaba el no saber cuándo llegaría el esperado momento. Doctores de un sólo uso cuyo vademécum es el tan recurrido " a mí me han dicho que...".
Alejandro apareció a las 00.10 de la noche del 01 al 02 de Mayo contra todo pronóstico, cosa que me alegra.
Resulta complicado describir ese instante al verle. Su cuello se estira buscando el aire como un buceador que ha retrasado demasiado el momento de volver a la superficie. Es ese sonido, ese primer trago de vida, como un chasquido al tragar, la llave que abre la puerta a su nuevo mundo. Y entonces rompe a llorar. Su llanto no es de rabia, no es de queja ni de exigencia. Es un sollozo que hace temblar su barbilla, un desconsuelo tan compungido que entristece a cualquiera que merodee a su alrededor. Y no me preguntes a quién se parece porque es una criatura tan recién llegada que sólo se asemeja a él mismo y eso le hace muy especial. Sólo te diré que tiene rostro de paz, de serenidad, de cariño, de ilusión. Que sus ojos se abren al cielo tan poco a poco que parece que le doliesen y que cuando lo consigue los cierra rápidamente como si quisiese despertar de un mal sueño y volver al vientre de mamá. Es curioso observar en las fotos como los mantiene abiertos únicamente cuando está a solas con sus padres, como si dijese: " ahora estamos sólo nosotros".
Resulta maravilloso rozar tu piel con la suya. Es fascinante oler su aroma. Y dormirlo en tus brazos es abrazar a la vida.
Son muchos los que te visitan cada día y sé que ahora estás muy ocupado. Así que dejaré que atiendas a todos tus admiradores, no tengo prisa. Ya tendremos tiempo de estar a solas, toda una vida. Ya tendré tiempo para agradecerte que me hayas ayudado a volver a saber lo que es llorar de alegría, lo había olvidado. Ver como tú solo has unido a tantos de esta manera es todo un logro.
Pequeño, podría escribir cientos de líneas diciéndote todo lo que provocas en mí cuando te miro, pero es algo que me reservo para nosotros. Ahora mismo sólo puedes cogerme un dedo , pero pronto caminarás y me agarrarás de la mano. Y será entonces cuando escuches todo lo que tengo que contarte acerca de este escenario en el que acabas de debutar. Aunque estoy seguro de que la tuya será una gran actuación.

sábado, 23 de abril de 2011

Ozores, Esteso y Pajares

Si no mal calculo creo que hace ya más de quince años que conozco a este par de tíos. Dos personajes de lo más particular. Dos almas de lo más distinto. Dos espíritus de lo más alejado.

Sin embargo, una extraña pero firme conexión los une de un modo fascinante.

Y en medio estoy yo.

Este trío tan singular como ordinario no es caduco, transitorio, fugaz ni pasajero, provisorio, momentáneo o perecedero, como muchos quisieron pronosticar. Es indisoluble e inmortal, básicamente por un aspecto, se basa simplemente en la naturalidad. Porque una amistad tan vetusta sólo puede subsistir de tal manera.

A menudo escucho a personas que me cuentan cómo han destruido amistades de décadas por discusiones estúpidas o diversidad de opiniones subidas de tono que acaban con una invitación al sexo anal del lado menos apetecible, lo que vulgarmente se conoce como mandarte a tomar por culo. Y de este modo tan usual terminan para siempre y porque sí, dejando patente su intolerancia y escasez de empatía.

Me considero alguien detallista, desprendido, cariñoso y preocupado por el bienestar de los que me rodean hasta límites sorprendentes. Pues bien, os aseguro que estos dos son de lo más descuidado y olvidadizo. Pueden obviar tus fechas más importantes y trascendentes. Puedes llamarles mil veces en una semana porque necesitas algo y no devolverte la llamada. Puedo discutir con ambos acaloradamente sobre cualquier tema futbolístico, político, económico o familiar. Puedo pasar meses sin verlos, ni saber nada unos de otros. Pero a pesar de todos esos despropósitos, el par de cabrones me proporcionan momentos de felicidad colosales. Compartir con ellos mi tiempo es el placer más codiciado, la serenidad más deseada. Jamás conoceré ni seré conocido por nadie como por ellos. Y jamás nadie llegará a entendernos desde el exterior. Hemos creado un alfabeto propio, un idioma personal. Porque no necesitamos pedirnos perdón para perdonarnos, simplemente una media sonrisa soldará esa pequeña rotura. Porque estar a su lado es como vivir entre algodones, consciente de que andas por ahí protegido contra cualquier amenaza. Porque sus risas, su cariño y sus consejos me permiten caminar por el mundo con los ojos vendados pero seguro de andar por el sendero adecuado.

Después de cinco años esposado a la silla del amor y alejado de su calor, hoy doy gracias por poder seguir construyendo el lego de mi destino con la ayuda de sus manos, que colocan junto a las mías las piezas que sustentan mi castillo.

Por vosotros soplaré las nubes en días grises para que el sol os caliente. Por vosotros me situaré en primera línea de fuego para que las balas no os alcancen.

Porque los héroes están más cerca de lo que pensamos.

Para Mahoody y El Niño Desastre.

sábado, 9 de abril de 2011

De regreso

Ilusión que llamas insistente a mi puerta. Te marchaste con tu hatillo al hombro oteando el futuro con la vista al frente, prometiendo no volver, no mirar atrás, abandonándome una tarde de falsa primavera incrustada en un invierno helado, engañada por un sol de cartulina con olor a domingo de barbacoa y licencia para existir sólo por un día.
Ahora regresas cabizbaja y llena de humildad, regalándome aquello por lo que un día desenfundaste tu cuchillo para clavarlo en mi espalda por atreverme a pedírtelo prestado. Postrada en mi puerta con los nudillos ensangrentados por el incansable toc- toc suplicas, ruegas y ofreces tus mejores alhajas como moneda de cambio por mi perdón. A través de la mirilla intento reconocer tu rostro y creo adivinarte, pero no estoy seguro, así que vuelvo a observarte una y otra vez pero nada es nítido, permaneces encogida como un feto en el vientre materno arrinconada, sollozando y vomitando mi nombre incansable.

Tal vez muera de ganas por abrir mi puerta. Quizás sólo deseo dejarte pasar y volver a regalarme sin más, decirte que mi reino es tu reino y mi cuerpo el asfalto en el que clavar tus tacones. Pero aquél que durante tanto tiempo fue el bufón de tu corte, el juglar de tus momentos de tristeza, hoy exige como premio un reconocimiento mucho mayor que un par de monedas de oro.

Así que levanta, muéstrame tu faz para saber con quién trato y empieza a concienciarte de que esta vez serás tú quien tendrá de bailar para mí.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Mi vieja amiga


Recorro el camino lejano y serpenteante que me lleva hasta ti. Otra vez lleno de ilusión, de propósitos, dispuesto a decirte todo lo que despiertas en mí cada vez que te miro. Sé que tengo una nueva oportunidad           y que ésta, como todas las anteriores, será breve y llena de extras que no hacen más que estorbarme, trabando mis palabras. Pero a pesar de todas las fuerzas que reúno en los meses que no te visito y de las promesas que me hago a mí mismo de mostrarte mi cariño, cada vez que me enfrento a ti el miedo me puede y tu silencio me sella los labios.
Entramos en tu nueva casa. Los pasillos son largos y curvilíneos. Huele a enfermedad, a quejidos, a pañal, a soledad, a muerte. Tienes un turba de ancianos por compañeros de piso que ignoran mi presencia, incluso me acusan con la mirada haciéndome culpable de mi juventud. Te rescato de su ingrata compañía y conduzco tu silla hacia un lugar apartado, tranquilo.
La familia se congrega a tu alrededor mientras tú observas asustada al ver tantos extraños. Todos se sientan y comienza la fiesta. Toman café y comen pasteles. Cuentan sus vidas y te olvidan. La rabia me gana la batalla pero debo controlarme. ¡Aquello parece un maldito funeral americano!
Cojo tu mano y beso tu frente que huele a recién nacido reclamando tu atención. Cuando tus ojos me encuentran una sonrisa aparece en tu rostro. Ellos siempre dicen que tú no te das cuenta, que ya no nos reconoces, pero yo sé que los engañas, sólo demuestras reconocer a quien quieres que se sienta reconocido. Mamá te pregunta si sabes quién soy y tú asientes levemente mientras aprietas los labios, un gesto sólo apreciable a escasa distancia, dejando claro que es cosa nuestra.Pero no hablas. Hace tiempo que decidiste que ya era suficiente, que habías superado con creces el cupo de palabras asignadas para una vida. Voluntario silencio, sabia decisión.
Mis ojos se clavan en los tuyos y me dispongo a decirte todo el agradecimiento que guardo dentro de mí, todo el cariño que pretendo devolverte. Cuidaste de mí como una madre y ahora yo no puedo hacer lo mismo por ti, porque te enviaron a vivir a ese odioso lugar con un nombre de cuento para enmascarar la realidad.
De repente me bloqueo, permanezco inmóvil sujetando tu mano y me dispongo a hablarte, pero las palabras nunca salen de mi boca, siempre ocurre lo mismo. Es como uno de esos sueños en los que alguien pretende matarte y tú eres incapaz de gritar y esa impotencia te crea una agonía insoportable. Te veo ahí, postrada en tu silla dependiendo de todos para todo, volviendo a ser pequeña, frágil, vulnerable. Sé que no deseas vivir así. Siempre has sido tan fuerte que esta dependencia te invita a desear conocer cuanto antes a la Parca. Así que deseo que este silencio provocado que nos dedicamos el uno al otro no sea más que un lenguaje inventado por los dos para que nadie nos escuche, para que nadie entienda lo que decimos. Tus cuerdas vocales ya no quieren vibrar más y tu mente está llena de borrones. Pero hoy es tu nonagésimo séptimo cumpleaños y yo quiero que mi regalo sea transmitirte en nuestro puente de miradas todo el amor que te tengo, todo el respeto que te guardo, toda la atención que te devuelvo.
Te quiero, te debo una vida y ya no me queda tiempo para dártela.
Deberíamos nacer ancianos y morir recién nacidos.

















lunes, 7 de marzo de 2011

Marioneta

Días intensos, días tristes.
El sol se cuela a través de las persianas cerradas acuchillando mis ojos. Cárcel voluntaria, auto castigo. Resaca de sobresaltos, de emociones límite, de arañazos estomacales.
Espectros del pasado intentan atraparme mientras me disipo entre la gente. Su rostro es árido, inerte, yermo de expresión, con mirada de Borges.
Mi cuerpo se hace volátil. Me convierto en humo que se mueve a velocidad vertiginosa aumentando la distancia. Huyo y pierdo el control. De pronto me estrello en tus labios. Labios deseados hace siglos, oasis de saliva que enciende el tambor de mi pecho. Me arrebatas las riendas del control y me desmayo. Me manejas a tu antojo y comienza el baile: ir y venir de un lado a otro, de negro a blanco. Jugáis conmigo como quien se turna a una puta. Una me arropa y cobija mientras la otra me tortura y me quema, cubriendo mi piel de ruina y heridas, maldita dulzura. Lucha de energías, polos opuestos disputándose las escrituras de mi ser. Y en ese devenir de sensaciones mis entrañas se contraen. Y aunque me divierte el juego el alma grita ¡basta!, retorciéndose de dolor. Al caos le sucede la ausencia. Me desplomo con el estruendo de una caída de mil metros. El suelo pone fin a mi viaje y jadeando levanto la mirada para encontrar sólo soledad. Soy el juguete de reyes de un niño que sólo utiliza el seis de enero para luego abandonarlo de nuevo en su caja. Supongo que este muñeco no merece tanta batalla, uno se cansa pronto de jugar con él tras haber escuchado un par de veces la canción que tintinea al darle cuerda.

lunes, 31 de enero de 2011

Sólo uno


Mis ojos te hablan y comprendes que me moveré despacio, tensando poco a poco todos los nervios de tu cuerpo. Te doy la mano y te invito a arrodillarnos uno frente al otro. Te acaricio con la mirada, recorriendo con mis ojos cada centímetro de tu cuerpo, deteniéndome sólo lo necesario en tus ojos, en tus labios, en tu escote, en tus piernas...Miradas de lujuria sin rozar lo incómodo. Comienzo a desnudarme, con parsimonia, como si cada gesto formase parte de un ritual. Tú haces lo mismo sin que te lo indique, copiando mis gestos de manera automática sin pensar en lo que haces. Desabrochas los botones de tu blusa al tiempo que yo los de mi camisa, mientras nuestros ojos siguen encadenados sin parpadeo alguno. La oscuridad de la habitación, la ausencia total de sonidos y la tenue luz de las velas hacen que esos simples movimientos tengan una dimensión especial. El roce de mi camisa al desnudarme y los latidos de tu corazón enlazan un ritmo perfecto. De manera casi imperceptible reduzco la distancia que me separa de ti, hasta que nuestros cuerpos acaban rozándose. Reproduces mis movimientos como si fueras una imagen en un espejo. Y aunque en algún momento te veo tentada de abrazarme contra ti desesperadamente, consigues mantener el delicado equilibrio de pasión y control.
Te quedas en ropa interior mientras yo libero los botones de mi pantalón si desviar mi mirada de tu rostro. Mis manos recorren tu cuerpo sin tocarlo, como el imán que arrastra sin contacto físico. Se mueven alrededor de tu boca, de tus pechos, siguiendo entre tus piernas, deteniéndose en puntos donde tus terminaciones nerviosas están al borde del estallido, pero siempre a un milímetro de distancia. Tú imploras que el contacto sea total, pero yo continuo con el juego hasta alcanzar extremos casi dolorosos para ti. Casi sin rozarte te libero del sujetador y te quito el resto de la ropa. Sigo recorriendo con mis dedos tu cuerpo sin tocarlo, mientras el esfuerzo físico para evitar el contacto se convierte en puro placer. Y cuando piensas que voy a perder absolutamente el control, hago que te tumbes en el suelo y viajo por tu cuerpo con mi lengua como antes había hecho con mis dedos, sin tocarte. Me detengo en tus piernas, a un milímetro de tu sexo, sólo mi respiración contacta contigo. Adivino tus movimientos y me retiro en el preciso instante en que tus caderas avanzan buscando mi boca. Tu respiración se agita, tus latidos parecen resonar en la habitación. Y justo cuando menos lo esperas, mi lengua te toca y permanece inmóvil en un contacto muy superficial. Intentas pegarte a ella con fuerza pero mis manos agarran tu cintura inmovilizándote. Sigo quieto, estático. El tiempo se detiene y la gravedad desaparece. Somos dos estatuas suspendidas en la eternidad de los sentidos. Inicio un suave movimiento alrededor de tu sexo, me detengo y vuelvo a empezar, negándote el punto de no retorno una y otra vez, placer y sufrimiento, encadenados en una espiral de sensaciones en busca de los límites. Sustituyo mi lengua por mi miembro y sutilmente te penetro. ¡¡Y entonces comienzo a embestirte con delicada violencia!! La pasión se desboca y los movimientos de mis caderas aumentan progresivamente al tiempo que se unen nuestros labios. Somos como un tornado entre cielo y tierra. Pero cuando tú llegas al abismo, detengo los movimientos y suspendo las sensaciones. Y así una y otra vez, hasta que las puertas del edén se abren y tu sexo se contrae en una vibración sin control que envía oleadas de placer. Un largo minuto de vibraciones que continua hasta que los músculos de tu bajo vientre son incapaces de generar un solo espasmo más.
Abres los ojos y me miras. Me empujas con delicadeza guiando mi camino, obligándome a tumbarme. Tu boca se dirige ansiosa a su destino, aprisionando mi miembro con tus labios. Pero al instante sientes que debes contenerte y hacerlo de la misma manera que yo lo he hecho contigo. Reduces el ritmo. y dejas que tu mente haga el resto, proporcionándome el más absoluto de los placeres, moviéndote en mi cuerpo como si fuese una prolóngación del tuyo. De eso se trata: de ser uno. Tus labios se mueven arriba y abajo y tu lengua me envuelve mientras tus dedos acarician mi entrepierna. Bajo mi mirada encontrándome con la tuya y te dedico un punto de cariño. Asciendes lentamente buscando la forma perfecta de encajar tu cuerpo en el mío, introduciéndome en ti, haciéndome partícipe de tu fuego interno. Te agarras con fuerza a mi pecho y acercas tu boca hambrienta a mis labios buscando la fusión de cuerpo y mente, aumentando el ritmo de las embestidas.
Después de largos instantes de pasión contenida, de viajes al límite del abismo de los sentidos y regreso a las zonas sensoriales más seguras, llegó el momento de lanzarnos al éxtasis, alcanzando una explosión simultánea de placer. Mi semen inunda tu cuerpo y el orgasmo nos lanza a la cúspide del gozo.
Cerramos los ojos, tu cuerpo se desploma sobre el mío y así, abrazados, fundidos a cien grados, conseguimos ser sólo uno.