viernes, 21 de febrero de 2014

Zombies de Pasillo

Cárcel de luz, calor de crematorio. Zombies en pasillos corredores de muerte creados para caminantes sin dirección, para observadores de trapos desentendidos de moda en busca de oro a precio de estiércol. Multitud de minigrupos pertenecientes a bandas asesinas de la palabra, amantes del parloteo y del "te has enterado de que..." Saludan y mienten con la sonrisa. Si te giras raudo cazarás la verdad. Empleados contratados al asilo de una amistad interesada clavan sus zapatos en este suelo color ceniza como estatuas humanas de la calle pero sin mérito, por dejadez, por desidia, por desamor al movimiento. Bostezan, charlan de nada y se atreven a considerar que merecen más. Dame mi uniforme y déjame dormir. Remuneración a cambio de cero, ganancia sin sudor, trueque desmesurado.
En la megafonía música enlatada vacía de sentimiento, sin nada que aportar, acompañamiento ausente. Versiones desganadas de greatest hits ni siquiera dignas de verbena. De pronto una voz interrumpe la única canción casi merecedora de ser escuchada, seguro que no es casualidad. Es esa pareja otra vez. Ella anuncia una oferta y él te persuade de que has de comprar ese maravilloso producto, porque lo necesitas para vivir, para ser aceptado. Inglés bien pronunciado con énfasis poco creíble. Raras veces me detengo a pensar acerca de este circo escaparate de moda en el que habitamos y del que formo parte activa. Colecciones de prendas en nuestros armarios cuelgan como jamón de secadero, algunas sin degustar aún. Se ha perdido el rumbo de la esencia, se murió el alma. Sólo queda belleza adquirida a precio de coste. Superpuesta, cosida o inyectada. Belleza por sexo, por competición animal de aceptación en la manada, carrera de redes sociales en busca de autoestima. Antes se sonreía a las personas, ahora al ordenador o al smartphone. Estamos perdidos, hemos muerto y ya empieza a oler desde lejos.

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